ABRIL
ABRIL
1904
1911
1916
1931
A María Victoria Naranjo que nació en abril
Habla Antígona a Creón:
Dile a Ismene, si te acuerdas bien,
dile ─ no cambies mis
palabras─ que viva por mí, que viva lo que a mí me fue negado: que sea esposa,
madre, amor. Que envejezca dulcemente, que muera cuando le llegue la hora. Que me sienta llegar con la violeta
inmortal, cuando las dos nacimos.
La tumba de Antígona
Primavera
Las dos nacieron
Estación de luz
Perséfone vuelve
Germina
Con luz, con sol despide España a la
reina extranjera. Con luz, con civismo. Con sol, España había recibido a la
extranjera. Hay que saber en esta hora de ahora, despedir y despedirse. A la
reina le fue concedida la soledad; el rey se había ido unos días antes. Tuvo
ella el tiempo, algunos días, al menos, para habitarse en soledad. Para
calentarse con el sol de mediados de abril.
Es abril
un mes para el despertar de las flores, pero también un mes para el propio
despertar, Un mes para que no se derrame sangre, un mes para cantar el himno de
Riego. Mi tío había nacido el mismo año que Araceli Zambrano, en un campo.
¿Dónde pudo aprender a cantar el himno de Riego?
Abril, el mes del nacimiento de María Zambrano (22 de
abril de 1904) y de su hermana Araceli (21 de abril de 1911). Veintisiete años después de su nacimiento, un
domingo, 12 de abril, estaba María con su hermana y otras jóvenes en las
puertas de los colegios electorales, de un colegio a otro, de un barrio a otro
de Madrid; alborozadas, dichosas, alegres, expectantes, celebrando con júbilo
la realidad de un día histórico, creyendo en la utopía. Estos días María es una
activista. En estos días María parece vivir sin secretos. Se siente una con el
pueblo, una con lo que se canta, ella también canta: “Conjunción Republicana
Socialista”. Va de puerta en puerta con
el grito, exultante. La imagino agitada, con la respiración sonora, mirando a
lado y lado. Creyendo ser una con el sueño de España. Araceli ˗˗ como mi tío
con 20 años ˗˗ estaba ilusionada: colaborando, asistiendo, cantando, respirando
agitada por las calles de Madrid, tal como respiraba Teresa de Ávila cuando
llegaba con sus hermanas, de noche, a los pueblos a fundar casas-conventos en
las ruinas. María siente ser parte del pueblo que funda la Nueva España
y destierra el viejo clasismo. Porque en España, pensaba María cabemos todos.
Toda la sangre de todas las familias cabe.
Y se
alegra María de cómo no hay violencia en este clamor y de cómo el rey entiende
que se tiene que ir. Parece que se va por Cartagena por el mar, se escucha
decir a la multitud. El rey se va. Se va. Deja a la reina sola.
Mi tío
Sebastián siempre repitió: “y es que hay que saber cuándo uno tiene que irse,
quitarse uno de en medio, dejar paso a lo nuevo, uno tiene que tener Luz para
entender cuando a uno en un sitio ya no lo quieren y, entonces, uno tiene que
apartarse porque uno allí no hace falta”. Se iba el rey, no se derramaba una
gota de sangre. Mi tío insistía: “es que las personas tenemos que tener un
entendimiento”. El rey se fue porque la gente votó en unas elecciones libres.
Se hicieron colas en los colegios y sin guardar secreto alguno, la multitud
entonaba “Conjunción Republicana Socialista”. Se daba ejemplo de civismo me
transmitió Sebastián Valle, ya en los años 80, cuando el miedo se lo permitió.
˗˗Y mi
tío, en un campo ¿Dónde aprendió el himno de Riego? ¿Qué noche soñó con la
Segunda República? ˗˗
Y, ese domingo, ya se sabe, se cree, se sabe, se
siente que España al día siguiente amanecerá republicana. Antes de acabar ese
domingo un hombre solo había izado una bandera tricolor.
El 14 de
abril, en una ciudad sin río, María con su hermana, sale otra vez por las
calles. En el Paseo de la Castellana que
hace a las veces de río. Alegre, respirando el sol de abril, el
renacimiento de abril. Celebrando. El pueblo festejaba la calle; la gente iba
saliendo no se sabe cómo tanta gente iba saliendo y de manera pacífica. Hombres
y mujeres, mujeres que también querían participar, mujeres que confiaban en esa
bandera que otra vez un hombre solo izaba desde el Ministerio de la
Gobernación. Un hombre dueño de sí mismo, escribe María. Vestido de
blanco.
Se estaba
yendo, quien se tenía que ir. Apartándose de una España que él ni los de su
sangre eran capaces de soñar. Una España dispuesta a liberarse del “mal de
ojo”. La multitud soñaba en las calles, Arenal, Mayor, Atocha, en la Cibeles,
la Diosa de Madrid… Se concentraban en la Puerta del Sol, y estos lugares eran
el centro del universo, capaz de acoger pacíficamente la nueva idea de
dignidad. A las hermanas, María y Araceli, al pasar por los cafés de Recoletos,
se le iban uniendo otras amistades, entre ellas Enrique Ramos Ramos (primo de
mi abuela Dolores Ramos) nacido en Algarrobo en 1873. Un hombre de campo, pero
de campo abundante, de cosechas fértiles. Su padre pudo darle carrera gracias a
las buenas cosechas de pasas. ¡Un hombre que sabía!, me contó mi tío por los
años 80 ¡Llegó a ministro de Trabajo en el 36! ¿Vio María en sus ojos la luz de
su casa natal en Vélez-Málaga? ¿El color del limonero? ¿los cantes de Juan
Breva? Murió Enrique Ramos en Munich, en 1957. ¿ensoñando con cosechas fértiles?
Mientras
la multitud se agolpaba en el Paseo del Prado y María era una con el pueblo,
dos muchachos en un campo, en la comarca de Vélez Málaga se unían a celebrar
que no se derramaba ni una gota de sangre. A celebrar ellos también un día
fértil. ¿Qué noche ensoñaron con la Segunda República? ¿Dónde aprendieron el
himno de Riego?
Mi padre había nacido en abril de 1916. Tenía 15 años
y fe en lo venidero.
Heredé su en-sueño.
El sueño
de los que re-nacieron a este abril, a esta primavera fue mi propio sueño
porque en el secreto de mi gente, de los de mi sangre, estaba también la
esperanza, la fe, la confianza en el entendimiento, en que había que tener
luces.
Cual una letanía se me adentró este ensueño.
Muchachos
de campo: ¿dónde aprendieron el himno de Riego? Y este canto es mi propio canto
porque el canto del padre que nos sueña, lo tenemos adentro, en el interior. Y,
resulta, que como este canto se quedó mutilado, como carencia se me aparece.
Cercenado. Silenciado. Ninguno de estos muchachos fue a Munich. Las cosechas no
fueron fértiles.
En Madrid,
en los campos, la gente siguió tiempo mascullando:” y se fue sin que se
derramara ni una gota de nuestra sangre”. Nadie quiere ver la sangre de los
suyos correr ni por las calles ni por los campos ni por las cunetas. Y se
fue así sin que una gota de sangre corriera por su causa. Un día de sol, el martes 14 de abril fue un
día soleado, con luz clara para despedir lo viejo y recibir lo nuevo. En el
patio de la calle Mendrugo el olor a azahar del limonero llegaba hasta la
ciudad sin río.
Siempre hay
azahar en primavera. Los cuatro nacieron en abril, como la república. Mes en el
que Perséfone regresa de los ínferos a la tierra y germina la semilla.
El
cielo de abril dejaba caer su luz blanca, azul y blanca hasta tocar
transfigurando a la multitud. La luz era también de mil reflejos, en un blanco
único toda la infinitud que hay en el blanco. En la blancura destacándose,
perfilándose en el cielo. Alta, alta, ondeaba la bandera republicana, ahora ya
del todo desplegada. Y mirándola, fijó los ojos en el reloj de la torre. Eran
las seis y veinte de la tarde de un martes 14 de abril de 1931.
Delirio y
Destino.
Fragmento del libro Leyendo a María Zambrano. Un regalo de la Aurora. Lola Valle
Abril en Lagos (Vélez- Málaga)


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